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Mario Rene Madrigal-Arcia , el misterio de la existencia y sus claves.

Conquistador de momentos, que son esencias, que constituyen por sí mismos la llave que abre el paso a las siete puertas, busca y encuentra, a veces deja el interrogante en el aire, en otras lo mediatiza, pero siempre está ahí, en la interdimensionalidad.

Sus series pictóricas, elaboradas en óleo sobre tela, caracterizadas por el cuidadoso tratamiento del objeto, destacando por su volumen, combinado con la impronta cálida del color, se suceden dentro de la explicación del misterio visto desde diferentes ángulos.

Series como ‘El caballo rojo’, donde la estrategia se funde con la versatilidad de la explicación, presentando creaciones caracterizadas por su idiosincrasia laberíntica, en el sentido de mostrar sus diversos iconos-elemento que conducen a diferentes senderos.

La pasión y la existencia de otras realidades destaca en la serie ‘Volcanes’, en la que misterio, seducción y enigmas sin descifrar se juntan para buscar interrogantes que explican la propia transformación de la materia. Ahora bien, la excusa formal es el volcán, pero lo que este representa va más allá. De esta forma incide en el movimiento, en el devenir de la existencia, dado que no hay nada estático, todo está sujeto a cambios constantes. Muestra el poder de la transformación, evolución, disipando dudas, para crear otras, pero procurando que el magma incandescente sea una explicación alegórica, de un proceso en transformación.

Esta cualidad de cambio, de reflejar el momento,  pero sin inmortalizarlo, porque nada es definitivo, dado que todo cambia y se transforma, predomina. La existencia es la suma de momentos, instantes, segundos, milésimas de segundo. Cada instante es independiente, pero, a la vez, está relacionado. De ahí que la sensación de búsqueda del enigma predomine en las diversas series. Todo posee una explicación distinta, pero, a la vez, existe un presentimiento cálido, envolvente, como si fuera el aura de las cosas que las caracteriza. Da igual que sean volcanes, frutas o el caballo rojo. El símbolo que representa es la clave que le permite acceder al siguiente paso del enigma. Nada es sino que todo es, pero, de la misma forma que la existencia es evidente, la no existencia se mediatiza a si misma.

La serie ‘Frutas’, en la que muestra frutas tropicales, anonas, aguacates y guanábanas, tratadas con un evidente planteamiento sugerente y místico, que se interesa por la propia evolución de la materia, que, transformada, pasa a un plano alegórico-místico, es otro ejemplo de lo que explicaba en el párrafo anterior. Lo mágico es místico, pero también lo cotidiano lo puede ser. Todo depende del sentido final que el creador plástico le confiera.

Su producción pictórica nos habla, en líneas generales, de la evolución, porque su cuidada y meticulosa dedicación en plantear y colocar los diferentes elementos de las diversas series revela un carácter organizador, que se explica por su necesidad de mostrar los diferentes ángulos que definen la búsqueda. Los volcanes son la transmutación de la materia, que es energía y, a la vez, cambio de forma y estructura. Las frutas son la vida, biología, suma de esencias que cambian, perfilando una complejidad de características evolutivas. Asimismo, el caballo rojo representa la actitud de la humanidad, el progreso, la capacidad mental de transformación, las posibilidades y las diferentes estrategias. En definitiva la obra pictórica de Mario Rene Madrigal nos permite reencontrarnos con nosotros mismos, superar los condicionantes, para indagar en la puerta más hermosa de todos los misterios que es el de la belleza eterna.

Lo bello es mutable, cambiante, pero, a la vez, perenne, porque lo clásico es bello, lo contemporáneo es bello, incluso lo feo es bello, según los ojos del alma con que se observe y los del creador latinoamericano funcionan como una espiral de energía lumínica que inocula su sabia esplendorosa, permitiendo un cambio de las cosas, en las que ya no existe la división entre lo sencillo y complejo y lo superficial y profundo. Todo es cambio, porque en la belleza, en lo perdurable, se encuentra la enigmaticidad misma, el contraste que encierra la dualidad, permitiendo ver la fealdad en lo bello, a través de la belleza.

Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
Barcelona España
Octubre 2006